¿Pensando en independizarte? ¿Qué opción es la que más te conviene? Resolvamos algunas dudas

Ha llegado el momento. Por fin posees la independencia económica que necesitabas para poder comenzar una vida adulta autónoma. Aunque la relación con tus padres es realmente inmejorable, necesitas tu espacio. Razón por la que tienes claro que vas a marcharte de casa. No obstante, hay una cuestión que te frena. Nunca has vivido completamente solo y no sabes si lograrás acostumbrarte a esta situación. Lo que tienes claro es que no deseas invertir y alquilar un bonito piso en el Barrio Gótico y pasar los días en casa de tus familiares. Tampoco ves con claridad la posibilidad de compartir piso, dado que no sabes si comenzar tu experiencia con un desconocido es la mejor opción. No te preocupes porque en Gumper vamos a balancear los aspectos positivos y negativos asociados a cada una de las opciones, para que puedas tomar una decisión más certera.

Vivir solo

Pros: No tendrás que acomodar tus tiempos ni rutinas ni hábitos a lo de otras personas.

Puedes decorar toda la vivienda según tu gusto.

No tienes que plantearte consultar decisiones relativas a la contratación de suministros extraordinarios

Es la forma más eficaz de lograr una independencia en términos absolutos.

Contras: Si se produce algún contratiempo en la vivienda, tendrás que encargarte de solucionarlo o estar presente para que acudan los especialistas necesarios.

Deberás asumir todos los gastos por ti mismo (renta, suministros, comida, etc)

Existirán momentos en los que te gustaría gozar de la compañía de otras personas.

Vivir acompañado

Pros: Ampliarás tu círculo social gracias a tu compañero de piso y las amistades que te pueda presentar

Mejorará tu nivel de tolerancia y respeto hacia los otros.

Te verás expuesto a nuevos intereses, aficiones y rutinas.

Tu economía no se resentirá excesivamente, dado que compartiréis gastos.

Contras: Requerirás tiempo para amoldarte a la otra persona y que la convivencia fluya.

Tu espacio personal se reducirá a tu habitación, compartiendo las zonas comunes y teniendo que ajustarte a los gustos y rutinas del otro.

En el caso de que no se estipulen normas de convivencia iniciales, es posible que surjan los conflictos.